Isabel Allende: “Los latinoamericanos somos rebeldes”

Cuando se contactó a Isabel Allende para entrevistarla se encontraba alistando maletas. En los días que vienen, la escritora chilena viajará a España para presentar en la Feria del Libro de Madrid su nueva novela Más allá del invierno.

Han sido tiempos duros para Allende: un divorcio, despedir amigos, la pérdida de su gran mentora literaria Carmen Balcells… Sin embargo, la escritura siempre la reconcilia con la vida: “Al escribir sobre lo que me preocupa o me aflige puedo racionalizar la situación, darle su justa importancia, contenerla y finalmente resolverla”.

Cuando conversamos hace dos años, a Allende no le preocupaba la opinión de los críticos ni la etiqueta de “escribidora” que le colocó Roberto Bolaño; hoy menos. No le atormenta alcanzar la inmortalidad literaria aunque confiesa que sí le teme a la decrepitud que acompaña a la vejez.

A punto de llegar a las librerías, en Más allá del invierno el lector vivirá por tres días un helado diciembre de 2015 en Brooklyn. Lo hará a través Lucía, una periodista chilena; Evelyn, una joven guatemalteca que huye de la violencia de su país y emigra de forma ilegal a Estados Unidos, y Richard, un profesor universitario americano torturado por un trágico pasado. El destino unirá a estos tres personajes cuando encuentren en la maleta de un automóvil el cadáver de una mujer. Una novela coral que conjuga el thriller policial y la historia de amor que, en plena vejez, nacerá entre Lucía y Richard. Además, como ya es costumbre en las historias de Allende, habrá lugar para algunas lacras sociales; en este caso, la xenofobia y el maltrato a la mujer.

“Cada personaje de los cientos que habitan mis páginas, tienen algo de mí. He oído decir que siempre es así: el autor está encarnado en sus personajes, incluso los villanos”

–Son evidentes las semejanzas entre usted y el personaje de Lucía: chilena, exiliada, periodista, escritora, su peculiar sentido del humor. ¿Por qué esa necesidad de desarrollar un personaje como su doble literario?
–La verdad es que el modelo para el personaje de Lucía es mi amiga, desgraciadamente fallecida, Patricia Verdugo. Incluso el pelo blanco y los ojos moros eran suyos. Pero admito que cada personaje de los cientos que habitan mis páginas, tienen algo de mí. He oído decir que siempre es así: el autor está encarnado en sus personajes, incluso los villanos. ¿Por qué desea contar esa historia y ninguna otra? ¿Por qué escoge esos personajes y no otros? Porque la historia se relaciona con algo personal y porque los personajes hablan por el autor.

–En las primeras líneas de Más allá del invierno se lee: “Lucía Maraz maldecía el frío. Tenía el carácter estoico de la gente de su país: estaba habituada a terremotos, inundaciones, tsunamis ocasionales y cataclismos políticos…”. ¿Cree que ese carácter estoico es solamente del chileno, quizás no sea algo que caracteriza a cualquier latinoamericano?
–Chile ha sufrido catástrofes geológicas desde siempre, eso hace a los chilenos más estoicos que otros respecto al clima. Los latinoamericanos hemos sufrido tremendos cataclismos políticos que no nos hacen estoicos, sino rebeldes.

–Lucía se cuestiona sobre la vejez, la belleza, el cuerpo, la soledad. Por más que se ha avanzado con el feminismo, no se le perdona la edad a una mujer.
–A partir de cierta edad las mujeres pasamos a ser casi invisibles físicamente, eso no ha cambiado mucho, pero gracias al feminismo tenemos una segunda vida después de cumplir con los deberes de la reproducción, tenemos la libertad y las oportunidades que nuestras bisabuelas no soñaron. Además, la vejez nos parece relativa, porque podemos estar activas en el mundo hasta muy avanzada edad. A la edad de Lucía Maraz, antes las señoras se vestían de negro y tejían calcetas, ahora toman clases de flamenco o cruzan a nado el Canal de la Mancha, si lo desean.

“Temo la decrepitud, pero no la muerte (…). Quisiera morir cuando todavía pueda valerme sola, tener independencia y la mente clara”

–Entre las muchas reflexiones de Richard, está la muerte: “Lo más terrible de la muerte era la idea de la eternidad. Muerto para siempre, qué horror”. ¿Cuál es su actitud frente a ella?
–Temo la decrepitud, pero no la muerte. Mis padres tienen 101 y 96 años, respectivamente. Están muy bien cuidados por cuatro mujeres cariñosas y eficientes, tienen una muy buena vida, pero yo no quisiera vivir tanto. Quisiera morir cuando todavía pueda valerme sola, tener independencia y la mente clara.

–¿Le preocupa alcanzar la inmortalidad literaria?
–Muy pocos escritores trascienden. No aspiro a ser recordada, me basta y sobra con el cariño que mis lectores me han demostrado en los 35 años que llevo escribiendo.

–En otro momento de la novela, Richard se interroga por qué está en este mundo. ¿Usted, a diferencia del personaje, sabe cuál es su propósito de vida?
–Creo que estoy en este mundo para contar historias. El aire está lleno de historias y con tiempo, silencio y soledad puedo captar algunas.

–Sin duda el lector se conectará con la terrible historia de Evelyn y las razones que la obligan a convertirse en una inmigrante ilegal. ¿Se acabará algún día la xenofobia? Ante la eminente construcción de un nuevo muro, ¿cree que Donald Trump es una amenaza para la humanidad?
–Mi fundación (lleva el nombre de la autora) ayuda financieramente a varios programas de refugiados. Conozco casos como el de Evelyn a través de la fundación, no tuve que inventar ese personaje. Falta mucho para que la humanidad supere la xenofobia, pero supongo que eso será algo a lo que naturalmente llegaremos con educación e información. Veo mucho menos xenofobia en los jóvenes, que aceptan las diferencias y la diversidad. Trump ha explotado lo peor en la sociedad: odio, resentimiento, xenofobia, misoginia y para qué sigo… Este hombre tan poco admirable tiene mucho poder, es una amenaza real para el mundo.

–A través del personaje de Cheryl, jefe de Evelyn, también trata el tema de la violencia hacia la mujer. Un problema silenciado todavía en el mundo.
–La violencia contra la mujer es tan común, que en muchas partes del mundo ni siquiera se cuestiona. Femicidio, violación como arma de guerra, incesto, etc. La lista de los abusos contra la mujer es muy larga. Esta violencia ha sido silenciada por siglos y todavía lo es, pero gracias al feminismo, que la denuncia constantemente, ahora está penalizada. ¡Falta tanto por hacer al respecto! La triste verdad es que las mujeres y niñas sufren violencia, incluso violencia sexual, tanto en los hogares como en la calle.

“La escritura siempre me ayuda a resolver los conflictos internos”

–El lector descubrirá lo que sucedió con Lucía, Evelyn y Richard más allá del invierno. Pero, ¿qué pasó con usted durante ese invierno?
–Escribí la novela cuando estaba viviendo sola, después de divorciarme de mi marido, con quien estuve por 28 años. Hubo muchos cambios importantes en mi vida y sentí que estaba en un largo invierno. Pero la escritura siempre me ayuda a resolver los conflictos internos. También tuve suerte, porque volví a enamorarme y ahora, en mi séptima década, estoy viviendo un romance apasionado como supongo que podrían vivirlo Lucía y Richard. Digamos que descubrí el verano invencible dentro de mí, como dijo Albert Camus.

–En la mayoría de sus novelas, el amor siempre está presente. En este caso, ¿el amor siempre puede existir sin importar la edad?
–Puedo decir con plena seguridad, porque lo he visto varias veces y lo he experimentado personalmente, que se puede amar a cualquiera edad.

–Si bien el tema central de Más allá del invierno es el amor, ¿se podría definir también como una novela social que reflexiona sobre las minorías: latinos, gays, refugiados, exiliados, inmigrantes?
–No soy capaz de definir mis libros, porque resulta que creo estar escribiendo sobre un cierto tema y después de que se publica veo que los lectores le dan otras interpretaciones. Es cierto, sin embargo, que casi todos mis libros son sobre gente que está al margen, sobre minorías, sobre aquellos que no tienen voz o han sido silenciados. Esos son los personajes que me interesan, porque tienen las mejores historias.

–En los agradecimientos menciona a su madre, quien aún corrige sus libros. ¿Qué le criticó y qué le gustó de esta novela?
–A mi madre le gustó la novela porque tiene pocos personajes y transcurre en un plazo de tres días, en eso se diferencia de otros libros que he escrito. Le pareció original. Desde años me critica que ahora escribo como “gringa”, es decir, voy directo al grano, frases cortas, pocos adjetivos. Ella está acostumbrada a la riqueza del castellano literario de antes, cuando los autores y los lectores se daban tiempo para saborear el lenguaje.

–Venezuela no es la sombra del país que la acogió, ¿cree que hay esperanzas?
–Lo que sucede en Venezuela es una tragedia para la mayoría de la población. Las noticias que vemos afuera son pavorosas. Hay esperanza, por supuesto. La situación es insostenible, tiene que cambiar pronto.

–Y finalmente, ¿cómo es la ventana por donde mira Isabel Allende?
–Mi ventana real y metafórica da a una laguna donde nadan los niños del vecindario y se refleja la luna por la noche, por eso empiezo el día dando las gracias, es mi forma de oración. Agradezco la paz y el silencio, los mayores lujos que se pueden tener en este mundo de locos. Por mi ventana literaria veo la existencia como un mosaico de historias que hay que contar.

Vía El Universal

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