El canje que desangra

Un arma de fuego usa materia explosiva para lanzar proyectiles. Quien la manipula, busca hacerle daño a un ser vivo. Mata. Pero no solo esos proyectiles asesinan, porque simbólicamente el nuevo sistema cambiario venezolano es un arma de destrucción masiva mucho más letal. Por allá, en el fondo, doña Petra afirma que “el nuevo Cadivi” es el arma que empuñan ahora los venezolanos. Lo que la señora de Santa Lucía llama “el nuevo Cadivi” no es más que el negocio inflacionario de pesos por bolívares. Se trata de una operación legítima, más allá de lo moral o ético, aupada por el Estado y que acorrala la economía de sus ciudadanos.

El hecho de que José, un arquitecto treintañero, con esposa y par de hijos, haya viajado hace 29 días a Maicao para hacer la transacción de moda, habla de las necesidades de los seres humanos, que son infinitas, aunque no los recursos para satisfacerlas. Por eso, doña Petra insiste en que es el Gobierno el que empuja al ciudadano a tomar el arma, apuntarse y disparar. El profesor y economista Édgar Cárdenas, no ejecutaría esta nueva operación tipo “Cadivi”, y no critica a quien sí, porque en materia de racionalidad financiera, el cambio de pesos por bolívares es una operación legítima: primero, porque el Estado legaliza un sistema cambiario que así lo admite y, por el otro, es un mecanismo para ganar dinero fácil.

El mal del venezolano promedio, vocifera doña Petra desde el porche de su casa. El propósito del Gobierno en enero pasado, cuando autorizó las ocho casas de cambio que funcionarían en Zulia y Táchira y fijó la tasa de cambio de cuatro pesos por bolívar, era simple pesos del sistema cambiario provendrían del BCV y de Pdvsa, producto de la venta de gasolina en la frontera El canje que desangra Nuevo mecanismo abierto por el Gobierno destruye la economía, pues se estaría regalando la moneda extranjera mentar una tasa de cambio bolívarpeso razonable, frenar la especulación y atacar la guerra económica.

Aplicaron la siguiente lógica, según el académico: si vendemos pesos del lado venezolano, los costos serían más fáciles de dominar y, de esa manera, bajaría el precio del dólar paralelo y sería la información generada de esas casas de cambio la que se impondría como referencia. Nada más iluso, murmura doña Petra mientras monta el café de la tarde. Del otro lado de la frontera, el cambio es de 0.90 bolívares por peso. Y aquí, apenas a unos metros de Santa Lucía, en Lago Mall, donde funciona una de las sedes de Italcambio, por cada bolívar pagado le dan al comprador cuatro pesos. Y ahí radica el negocio.

Regalan los pesos Las armas de fuego se accionan por una pólvora que es encendida y envía una bala perfi lada por el cañón. En este caso, la pólvora sería la ambición del venezolano y, los cañones, el Banco Nacional de Venezuela (BCV) y Pdvsa. A Eddy Aguirre, director de la escuela de Economía de la Universidad del Zulia no le queda muy claro de dónde vienen los pesos que se venden. Se plantea dos escenarios: o cada moneda las obtiene el país por la venta de gasolina en la frontera o el BCV se abastece por su cuenta. Entonces, serían estas dos entidades las que estarían subsidiando cada peso. Porque cuando yo doy un bolí- var y me dan cuatro pesos, alguien me está haciendo un regalo.

Bien lo declaró en enero José Gregorio Vielma Mora, gobernador del estado Táchira: “En las bóvedas tenemos cualquier cantidad de millones de pesos colombianos y de otras monedas, además hay que destacar que Venezuela estuvo durante mucho tiempo La compra de pesos en bolívares abre las puertas a un esquema nocivo, que a corto plazo corroerá aún más la economía venezolana. Foto: Univisión vendiendo alimentos a Colombia y tenemos en nuestro poder muchos millones de pesos colombianos”.

Las transacciones solo pueden hacerlas las personas naturales, habitantes de las zonas fronterizas, en teoría. Porque las personas jurídicas trabajan bajo otros mecanismos, explica Aguirre. Es el convenio Aladi. Orientado a manejar grandes volúmenes de dinero para mantener el control y legitimidad de los valores. Más de los 299 mil bolívares que un ciudadano común debería tener a disposición a la hora de la compra de los 750 mil pesos permitidos en Italcambio.

Otros sistemas son las cuentas que abren los bancos centrales en moneda extranjera o tasas de crédito refuerza Aguirre. Disparo a muerte El impacto en las fi nanzas del país con “el nuevo Cadivi” tampoco está claro. Pero se teme que la caída de la economía nacional se dé a mediano plazo. —Puedo suponer que hay cierta cantidad de pesos controlados por el Estado, gracias a alguna entidad, BCV o Pdvsa (…) Si eso fuera así, esas entidades estarían regalando los pesos. Allí habría pérdida financiera, razona Cárdenas.

El nuevo sistema cambiario no es un mercado libe. Lo colman las restricciones, y cuando se acumulan tantas prohibiciones, se limita a ser un sistema de racionamiento de divisas cuyos precios no se forman por la realidad del mercado, aclara Cárdenas. Para Alberto Castellanos, lo vivido en Venezuela es consecuencia de la mala política cambiaria que originan estos procesos de arbitraje. ¿Qué se debe hacer? Ir a un tipo de cambio único, como en otras naciones. Se logra al encontrar el equilibrio en las operaciones cambiarias. Podemos buscar un tipo de cambio con equilibrio que esté alrededor del implícito, el que surge de las reservas internacionales, que debe estar entre 1.300 y 1.400 bolívares por dólar. Para llegar a ese punto, es necesario reordenar la política económica.

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