Película aborda los tabúes árabes isralíes: homosexualidad, drogas, alcohol

“Bah Bahar” cuenta un choque de culturas: la de Nur, velada y conservadora, y la de Leila y Salma, jóvenes árabes israelíes que viven alocadamente en Tel Aviv. Pero el verdadero choque se lo llevó su directora cuando recibió amenazas de muerte.

El primer largometraje de Maysaloun Hamoud, de 35 años, estrenado en enero en Israel y premiado en el pasado festival de San Sebastián, es impactante.

En dos horas, la cineasta originaria de Galilea aborda los tabúes de la sociedad árabe israelí. Hay droga, alcohol, la homosexualidad de Salma, rechazada por su familia cristiana, la independencia de Leila, que prefiere dejar a su novio cuando descubre que es más conservador de lo que parece.

Y, sobre todo, la historia de Nur, originaria de la ciudad conservadora de Um al Fahem, bastión en Israel del Movimiento Islámico, afín a los Hermanos Musulmanes (egipcios).

Nur se escandaliza con la actitud de sus compañeras de piso cuando se muda con ellas a Tel Aviv, pero acaba rebelándose contra su familia y las tradiciones, y deja a su novio Wisam, pródigo en fórmulas religiosas, después de que éste la viole, una escena que se muestra en la película.

– Amenazas de muerte –

El filme ya se estrenó en Estados Unidos, recibiendo críticas positivas de la revista Variety, que lo calificó de drama “convincente”, y de Hollywood Reporter, que habló de “una primera película chispeante”. 

En España recibió tres galardones en el festival de San Sebastián: el premio a la Juventud, el premio Otra Mirada y el premio Sebastiane, a la película que mejor refleja la realidad lesbiana, gay, transexual y bisexual.

En Israel, el municipio de Um al Fahem prohibió su difusión y tachó la cinta de obra “de escaso nivel, sin el menor elemento de verdad”.

Maysaloun Hamoud y sus actrices llegaron incluso a recibir amenazas de muerte en las redes sociales. “Quienes hablan mal de Um el Fahem cavan su propia tumba” u “Os haría falta una bala en la cabeza y otra en el corazón”, pudieron leer. 

“Como artista, directora y guionista, y también como miembro de esta sociedad, tengo derecho a abordar todos los temas que considero importantes”, contesta Hamoud, que luce varios tatuajes en los brazos.

Su película muestra lo que la sociedad árabe israelí oculta, como las noches pródigas en alcohol y cannabis, dice. “No exagero nada, cada escena es realista”.

“Bar Bahar” (“Entre tierra y mar”) es, para su directora, “la voz de toda una generación”, la de los jóvenes árabes israelíes, los descendientes de los palestinos que permanecieron en sus tierras tras la creación de Israel en 1948.

Hamoud no quería hacer una película política sobre el conflicto entre Israel y los árabes, sino una obra que tratase otro conflicto, “el de las chicas”, que sitúa “en un lugar que nos presentan como abierto y tolerante con la alteridad”. Los israelíes suelen considerar Tel Aviv como la ciudad liberal por excelencia.

“Pero descubren que, aunque puedan alejarse todo lo que quieran de su ciudad de origen y sus tradiciones, no siempre serán aceptadas y seguirán confrontadas al racismo”, apostilla.

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