Lo que Nueva York puede aprender de Barcelona

Imagina que las calles fueran para pasear y los cruces para jugar, y que los autos casi nunca tuvieran permitido circular por ellas.

Aunque suena como el sueño de los peatones y la pesadilla de los conductores, se está volviendo una realidad en la segunda ciudad más grande de España, una metrópolis densamente poblada con 1,6 millones de habitantes en el Mediterráneo. Desde que los Juegos Olímpicos de 1992 hicieron que la atención del mundo convergiera en la ciudad, este próspero centro de turismo, cultura y negocios —más moderno y libre que Madrid— ha visto cómo se eleva su popularidad en paralelo a la congestión de sus calles y aceras.

Así que mediante una iniciativa que ha atraído la atención internacional y representa una remodelación transformadora de su paisaje urbano, Barcelona ha decidido que muchas de sus calles y cruces atascados de autos, casi no los tendrán. En vez de eso, se convertirán en calles peatonales.

A partir de septiembre, las autoridades de la ciudad comenzaron a crear el sistema de las supermanzanas en toda la ciudad, que limitarán ampliamente los autos para reducir el tráfico y la contaminación del aire, utilizarán el espacio público de manera más efectiva y básicamente harán que los barrios sean más agradables.

“Nos gusta decir que se trata de ‘recuperar las calles para la gente’”, dijo Janet Sanz Cid, alcaldesa adjunta de la ciudad. “La gente de Barcelona quiere utilizar las calles, pero no puede hacerlo porque los coches las ocupan”.

Según el proyecto, las supermanzanas se sobrepondrán en la traza urbana actual; cada uno se compondrá de hasta nueve manzanas contiguas. Dentro de cada supermanzana, las calles e intersecciones estarán en su mayor parte cerradas al tránsito y se utilizarán como espacios comunes: plazas, áreas de juego y jardines. Sanz dijo que se espera diseñar por lo menos cinco supermanzanas para 2018.

El sistema de supermanzanas de Barcelona —llamado superilles en catalán— iría más allá de las plazas peatonales que han surgido en las calles de Nueva York. Mientras que esos lugares le han dado más espacio a los peatones en tramos concurridos, las supermanzanas representan un acercamiento más radical. Desafía la noción de que las calles les pertenecen a los autos.

La estrategia ha puesto a Barcelona, una ciudad conocida por su equipo de fútbol y la arquitectura Gaudí, en la vanguardia de los experimentos de transporte urbano y ha atraído el interés de funcionarios de transporte, planeadores urbanos y defensores en muchas otras ciudades paralizadas por el tráfico.

Claire Weisz, una diseñadora urbana de WXY, el despacho de Manhattan que rediseñó las calles que rodean el Astor Place, dijo que el proyecto de supermanzanas de Barcelona podría aplicarse en Nueva York para redefinir las calles como espacios públicos. “La gran mayoría de la gente que vive en nuestros vecindarios no tiene autos”, dijo Weisz. “Sin embargo, son principalmente utilizadas por autos, y tenemos una enorme necesidad de lugares seguros para caminar y transportarse en bicicleta”.

El proyecto de Barcelona redirigirá los autos y vehículos comerciales a calles a lo largo del perímetro de cada supermanzana, aunque los habitantes de la ciudad aún podrán conducir sus autos a velocidades limitadas y estacionarse en áreas designadas. Se permitirán entregas en horarios con menos congestión.

Sin embargo, como lo han reconocido funcionarios de Barcelona, introducir las manzanas no será tan sencillo como simplemente cambiar las reglas. Para que se acepte de manera generalizada, el proyecto requerirá un cambio cultural en la manera en que las personas ven y utilizan las calles.

La primera de las nuevas supermanzanas fue recibida con reacciones encontradas cuando se develó hace poco en El Poblenou, una antigua zona industrial que se ha desarrollado con viviendas de bajos ingresos y oficinas para empresas tecnológicas. Aunque muchos de sus habitantes se dan cuenta de los beneficios de la supermanzana, algunos se quejan de que no les dieron suficiente tiempo o una explicación antes de que se pusiera en marcha. Los negocios también han expresado su preocupación acerca de que pudiera interferir con su trabajo, entre otras cosas, al restringir cuándo pueden cargar y descargar productos.

Para inaugurar la supermanzana, profesores de arquitectura y estudiantes han trabajado con asociaciones de vecinos y negocios para proponer usos alternativos del espacio público. Con llantas y materiales reciclados, un cruce se transformó en un área de juego con un campo de fútbol y un arenero.

Marta Louro, de 40 años, una profesora que vive al lado de un cruce, dijo que la supermanzana haría más seguras las calles y reduciría la contaminación. “Le da prioridad al peatón”, dijo. “Creo que es muy importante que la gente tenga espacio”.

Sin embargo, otros han expresado su preocupación porque tendrán que caminar más para llegar a la parada de autobús, o será más difícil utilizar sus coches y encontrar espacios de aparcamiento. “No es una mala idea”, dijo Oriol Sánchez, de 25 años, un camarero que conduce para llegar al trabajo. “Pero en mi caso es un problema para mi auto”.

Visitación Soria, de 78 años, dijo que no todos aceptarían la supermanzana. “A las personas les gustan sus coches”, dijo. “La gente ya está diciendo que tienen problemas para encontrar aparcamiento, y esto lo empeorará”.

Sin importar los méritos, el debate acerca de cómo debería lucir un paisaje urbano moderno, cómo debería funcionar y a quién debería servir se ha hecho cada vez más clamoroso en todo el mundo. En Nueva York, cuya población se encuentra en un récord máximo de 8,5 millones de residentes, los conflictos entre peatones, ciclistas y motociclistas han puesto el foco en los tramos concurridos. Los funcionarios de transporte han tomado medidas recientemente para expandir el sobrecargado paseo en el Puente de Brooklyn.

Leer más en http://www.nytimes.com/

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