Arepas sabrosas y sin harina de maíz

Ante la ausencia de harina de maíz precocida, y sin querer hacer cola ni comprarle a bachaqueros, toca ingeniárselas para resolver y preparar “arepas” con otros ingredientes.

De yuca cruda rallada. La primera opción es hacer la masa a base de yuca. Con este tubérculo se puede hacer una harina, rallándolo crudo. De esta forma, la cocción será más lenta y puede hacerse a la manera tradicional de la arepa de maíz: primero en budare para hacer la rica “conchita” y luego en el horno para que se cueza por dentro. De pronto hasta se puede ensayar una especie de casabe casero, pero esto aun no lo hemos probado.

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De yuca cocida. La otra forma es más urbana y, si se quiere, más directa: se pone a hervir la yuca pelada. Una vez blanda, se deja enfriar, se le retira la vena al centro y se ralla. Llamamos a esta opción “urbana” porque, muchas veces, cuando el hambre apura, las yuquitas terminan siendo ingeridas una vez hervidas, con queso o con un poco de aliños de vegetales crudos picaditos.

Tanto en la manera cruda como en la hervida, y a gusto de quien cocina, se le puede agregar maicena o harina de trigo, incluso harina de arroz y avena, pues le da consistencia y suavidad a la masa. Igual funciona de maravilla agregarle sal, pimienta y cuantos condimentos se quieran. Se hacen los bollitos, se aplastan para darles forma de arepa y al budare, a la plancha o al tostiarepas.
Una vez cocidas –se notará porque abomban, porque suenan al percutirlas y porque la intuición lo dicta– se pueden abrir a la mitad y rellenar.

De plátano, cambur y topocho. A veces el precio de la yuca sube y hay que mirar otras opciones de arepitas. Así que la segunda alternativa es de plátano. ¡Y vaya que es de oro, como el color de las arepitas que resultan de este noble ingrediente! El procedimiento es parecido al anterior con la yuca, y sirve igualmente para plátanos verdes, maduros, cambures verdes (¡jamás cambures maduros!) y topochos verdes. Con los verdes, se les agrega sal y hasta un toque de ajo que les viene de perlas; mientras que a los maduros les cae de maravilla un toque de papelón y hasta de queso blanco rallado en la mas; y entonces tenemos unas maravillosas arepas dulces que le hacen el día al más pintado.

En todos los casos, y si el bolsillo lo permite, se le puede agregar huevos, que ayudan a amalgamar la masa. Algo que hay que cuidar en todas estas preparaciones es la cantidad de agua al amasar, que depende de cómo se escurre; y vale la pena comentar que también se pueden hacer con auyama, arroz cocido y molido, zanahoria, ñame, ocumo. Todo es cuestión de saborear en la imaginación y proceder.

 

Vía El Universal.-

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