Así era volar en el Hindenburg, el icónico zepelín nazi que acabó envuelto en llamas

Hubo una época en la que los zepelines parecían destinados a convertirse en el medio de transporte preferido para los viajes intercontinentales.

Y de entre los aparatos de ese tipo que surcaron los cielos en la primera mitad del siglo XX el más icónico fue el LZ 129 Hindenburg.

Este viernes se cumplen 80 años del primer vuelo del que fue el más imponente de los zepelines anteriores a la Segunda Guerra Mundial.

El colosal aparato alemán apenas cumplió un año de vida, ya que se incendió el 6 de mayo de 1937, al intentar aterrizar en Lakehurst, Nueva Jersey, después de haber cruzado el Atlántico con éxito.

De las 97 personas que iban a bordo, 35 murieron.

El repentino y dramático final del Hindenburg fue, quizá, el equivalente aéreo del hundimiento del Titanic y acabó con las expectativas de aquellos que esperaban que los zepelines fueran una alternativa a los aviones.

Sorprendentemente, los pasajeros siguieron reservando pasajes para vuelos trasatlánticos a bordo del hermano mayor del Hindenburg, el Graf Zeppelin, bautizado así por su inventor.

Sin embargo, el gobierno alemán desechó el Graf Zeppelin y mandó desguazar el ambicioso Hindenburg II en 1940.

La tragedia de Lakehust tuvo que ver con la negativa del gobierno estadounidense de suministrar a países extranjeros, entre ellos Alemania, helio no inflamable.

En lugar de este gas el Hindenburg utilizaba hidrógeno, altamente incendiable, lo que condenó a muerte a varios de sus desafortunados pasajeros y a la tripulación en 1937.

Hindenburg en llamas

Las imágenes fueron emitidas en noticieros de todo el mundo y verlas hoy es tan aterrador como lo fue entonces.

El helio era y es todavía el gas ideal para los dirigibles, tanto para los rígidos con esqueleto interno como el Graf Zeppelin, como para los desinflables que se usaban para la defensa antiaérea durante la Segunda Guerra Mundial o los que se utilizan hoy para publicidad.

Pero los alemanes no tuvieron más remedio que rellenar con hidrógeno las células de algodón recubiertas de gelatina de los dirigibles.

Si el Hindenburg hubiera volado con helio, quizá hoy viajaríamos alrededor del mundo en serenos y elegantes aparatos parecidos a aquellos zepelines.

vía http://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/12/141205_vert_cul_tecnologia_viajes_zepelines_lujo_hotel_ig

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