El magnate lo tiene claro

Ser el fundador del imperio Virgin y una de las mayores fortunas del Reino Unido, le da crédito suficiente como para ser escuchado con fruición cuando abre la boca. Nos referimos, lógicamente, a Sir Richard Branson y una de las figuras más relevantes del planeta en el mundo empresarial. El británico acaba de presentar su autobiografía -“Encontrando mi Virgin-idad”- y en ella no tiene pelos en la lengua a la hora de dar detalles sobre cómo gestionar las ideas de negocio y futuros proyectos.
Pragmático donde los haya, el emprendedor no quiere que le hagan perder el tiempo y tras reconocer que ha escuchado cerca de veinticinco mil propuestas de negocio, ha sacado una conclusión clara: una propuesta que no cabe en una servilleta de papel, no tiene ningún recorrido. ¿Puede un proyecto multimillonario nacer de un retal suelto y manchado en la mesa de un bar? Parece que sí, y Branson recuerda con nostalgia un ejemplo.

Brett Goffrey era uno de sus hombres en el equipo de Virgin, siendo el responsable financiero de una de sus ramas, decidió volver con su familia a su Australia natal, no sin antes, telefonear a su jefe y mentor. “Tengo una idea que te va a gustar”, le espetó al magnate. Tras esto, Branson escuchó al otro lado de la línea el ruido de un papel que, con dificultad, Goffrey sacaba de su bolsillo: leyó las líneas maestras de lo que hoy es Virgin Australia Airlines, la segunda aerolínea del país. A Branson le gustó la idea y le pidió que la elaborara.
Tiempo más tarde el británico le preguntó dónde había anotado su idea de negocio: “en el posavasos de cartón de mi cerveza”, explicó sin darle importancia Goffrey. El empresario recuerda este ejemplo para destacar que la base de un proyecto tiene que ser clara y concisa de partida, y si no es así, posiblemente ese proyecto no merezca la pena.
Vía INC

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